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HORACIO ACCAVALLO: DE VILLA DIAMANTE AL MUNDO - VIDEOS - AUDIO - CLASICOS DEL BOXEO  

Publicado por Unknown


SUEÑO REALIZADO...
Por El Veco

Si usted pasa por el mundo impulsado por una exclusiva razón matemática, no lea esta nota.

Si usted se reconoce cerebral por encima de todo, dé vuelta la hoja.

Si usted cree que en el deporte sólo cuentan los resultados, y no caben las lágrimas, siga de largo. No pierda el tiempo. ¿Por qué? Porque ésta es la crónica del gran día de Accavallo. Porque éste es el relato de una jornada que encierra la emoción intensa de nuestra carrera de periodista. Y, de entrada, le confesamos que la objetividad tambaleó ante este impacto que nos hundió los hombros y nos ablandó el alma.

Sí, hemos llorado. Lloramos con Justo Piernes, con Ulises Barrera, con Ortega Moreno, con Tito Lectoure, con Vaccari, con Androvandi, con Florentino... Lloramos todos... Borrachos de una alegría que nos llevó a conocer las lejanas fronteras de una emoción no vivida hasta ese 12 de marzo, que quedará marcado con un círculo rojo en el calendario del recuerdo.

Elegimos el final, para empezar. Las horas que comprenden la madrugada japonesa del 2 de marzo, pero que siguen perteneciendo al gran día. Ubicamos la acción en el festejo interminable, como en esas películas que empiezan con los cabellos grises del protagonista para llevarnos, mientras se esfuma la escena, al rostro fresco de sus veinte años. Y el paralelo vale. Porque cada hora fue un siglo, porque cada minuto encerró un mes, porque cada segundo tuvo la amplitud de una vuelta completa a la esfera del reloj...

Sí. Empecemos por el final. Son las dos de la mañana. Tres taxis cruzan la ciudad. Los vidrios bajos dejan oír el clamor de diez gargantas laceradas por la euforia... Sin pensar en la afonía del día siguiente. ¡Qué importa el amanecer! Esa noche debía tener cuarenta y ocho horas... No terminarse nunca...





HORACIO ACCAVALLO:

Ese argentino,

que salía de comer
de la Quema de Flores,
de la Quema de Alcorta,
de la Quema de Zabaleta,
de la Quema de la Quinta Molino
que iba a cirujear con mi viejo

¡Todo!,
¡CAMPEON DEL MUNDO!,
que era practicamente
practicamente un sueño
¡Fue mas que un sueño!



**********

Las autopistas se pierden en el crucigrama de la ciudad moderna. Las luces encandilantes de Tokio desaparecen. Los once millones de habitantes de la gran capital dormitan la oportunidad perdida. Sólo el grupo apretado, gritando el triunfo más grande, mientras las manos hacen tambor en las puertas de los autos. (...)

A las dos y cinco llegamos al hotel. Mejor dicho, el hotel nos alcanza a nosotros. Los empleados que terminaban sus trabajos a las 21 se han quedado a pie firme esperando a Accavallo. Hay ramos de flores. Hay sonrisas sinceras. Hay abrazos japoneses que hacen desaparecer al vencedor de un japonés...

Y dejamos que sea de ellos. Nos quedamos con los brazos caídos. Con las piernas flojas. Y mudos de asombro.


Ahora es paseado en hombros por el hall y las mucamas forman una doble fila de honor. Y allá, en lo alto, un cartel improvisado. Un saludo escrito por George Silk, un nipón que nos vendió sedas y nos robó el corazón, ponía la nota más fuerte: "VIVA / CONGRATULAR / CAMPEON DEL MUNDO H. ACCAVALLO / AKASAKA PRINCE HOTEL".

Y Accavallo llora. Sin freno. Aturdido por esa hidalguía que supera todo lo conocido. Que impulsa a Tito Lectoure a decir: "Nos han dado una lección inolvidable. Este país se nos ha metido en lo más hondo de nuestro afecto..." (...)

Son las 8. Vaccari, Fiorentino y el doctor Salvador Mancuso se ponen los buzos amarillos con "ACCAVALLO" en la espalda. Fiorentino, el anunciador del Luna Park, hará su debut como segundo. Horacio se calza las botas, se pone el pantalón blanco y se persigna. Sobre una de las puertas abiertas del armario está la bata celeste que le obsequió Racing por intermedio de Santiago Saccol, el presidente...

Con Piernes, colega de "Clarín" y gran compañero de todas las horas vividas en Tokio, corremos hasta nuestros asientos, rigurosamente reservados por la organización japonesa. Detrás tenemos a un brasileño que ha venido a gritar por Accavallo. En una fila próxima vemos al doctor Balbín, a Setti, a Vanin. En lo alto, en dos sectores distintos, el personal de la embajada se ha hecho presente con pequeñas banderitas. Aplausos para Accavallo. Más aplausos para Takayama. Escasa diferencia... Llegan los himnos... Y Accavallo sacude a todos cuando canta el Himno Nacional en pleno ring. Sube Ebihara. El juez norteamericano llama a los boxeadores (...)

Suena el gong y Accavallo está de espaldas al centro del ring.




Es una costumbre de Horacio -explicaría más tarde Aldrovandi-. Pide el protector bucal simultáneamente con el toque de campana.

Takayama avanza. Salta de uno a otro extremo del ring y el golpe llega neto, pero de costado, sobre la mandíbula.

Fue reglamentario. Pero nunca lo habíamos visto antes. Tal vez, porque en Argentina nadie pega en esa situación... Para el doctor Balbín fue "otro Pearl Harbor..."

Lo cierto fue que produjo una variante en el trámite de la pelea. Un Accavallo que se replegó más de lo proyectado, descontando que Takayama saldría á quemar en las primeras vueltas, a jugar allí su posibilidad de un triunfo categórico.

Accavallo acusa la sorpresa. Takayama lo persigue por todo el ring, y su zurda entra alta a la cabeza, con asiduidad. Nos miramos con Piernes. ¿Qué ocurre? Accavallo se mueve frontalmente, con los pies pegados al piso, sin intentar una vez el paso atrás, sin buscar los costados. Takayama se ciega, y en su afán por pegar inicia su larga serie de infracciones. Una sensación de miedo recorre nuestras anatomías. Pensamos entonces en algo que comentamos diez veces con Piernes, en la vigilia expectante de la noche anterior, en una siesta que no fue de ojos cerrados frente a la proximidad del gran momento: ¿Es tan flojo Takayama como para descartar sus posibilidades? ¿No ha existido un exceso de optimismo? Uno que está tercero en el ranking que es vencedor de Burruni, ¿puede ser tan poca cosa? Ahora tenemos la respuesta: No. Takayama es menos que Accavallo, pero buen boxeador. Y tiene una maza en el puño izquierdo.

Pasan otros tres rounds sin nada nuevo. El nuestro apura en el cuarto, pero recibe un contragolpe que lo hace volver al rincón confesando que le entraron "muy duro..." Al terminar la vuelta siguiente, Aldrovandi hace la primera advertencia:

-Vamos perdiendo, Horacio... Estás peleando muy atado. Tenes que soltarte. Acordate de la pelea con Chucho Hernández. Jugá, Horacio... Movete para los costados... SOLTATE...empieza el gran cambio. Las banderitas argentinas, que habían quedado quietas en lo altó, empiezan a moverse. Recordamos el pedido de Vaccari. O, mejor dicho, ahora lo podemos cumplir, en la seguridad de que puede ser útil:

-FALTAN VEINTE SEGUNDOS, HORACIO... - le gritamos cuando se acerca el fin de cada vuelta.

-Avísenle desde cualquier lugar, desde donde estén ubicados. Pero griten... -nos pidió Vaccari. La intención es clara: hacer trabajar a Takayama, un Takayama que pierde eficacia minuto a minuto, para pegar al final de cada round.

El japonés sangra por la nariz, y en el octavo recibe un golpe bajo, un derechazo que lo deja sin piernas. Un grito atraviesa el estadio:

-¡ACCAVALLO, ARRIBA...! ¡VIVA LA ARGENTINA!

Es una voz de mujer que desafió la duda nuestra. Que vino a inyectar fe a quienes todavía no lo veíamos ganador en la contabilidad de los apuntes. Un grito de mujer que llegó desde lo alto, que le hizo levantar la mirada a Accavallo, que nos juntó más, que nos templó mejor para la fase final del combate.

Ya Takayama había cumplido. Para Ulises Barrera, "nadie le pegó tanto como Accavallo". Y si puede haber un paralelo, habría que buscarlo en una de las peleas que hizo con Carlitos Rodríguez, pero con la casi convicción de que Takayama sacaría ventajas...

Ya empieza el juego. Ya Accavallo está suelto, como lo quería Aldrovandi, como lo queríamos todos. Ya es el campeón sudamericano, el vencedor de Burruni, el gran boxeador de la gran ... Ya los dedos de Piernes no se apartan de mi brazo. Ya los asientos no hacen falta... Ya pensamos en el final, aunque estemos en el 12e round. En el mejor round de Accavallo. Total dominador, entrando y saliendo, haciendo pasar de largo a su rival. La platea japonesa aplaude.

Ya vemos un ligero movimiento en las tribunas altas. Ya vemos al pequeño grupo argentino en las proximidades del ring. Ya vemos a Ortega Moreno sobre la lona, olfateándole las piernas a los dos boxeadores, en su afán por llevar mejor la versión de este triunfo... SI: TRIUNFO. Que ahora descontamos.

En el 14º round, un cabezazo de Takayama le abre la ceja a Accavallo. No cambia la situación. Ya no cabe otra posibilidad que la argentina. Se van los tres minutos finales... Se fue la pelea.




Más tarde, el vestuario. Un vestuario cargado de flashes, de ojos oblicuos, de una euforia argentina con abrazos, con besos, con trajes salpicados por los rastros rojos de esa sangre caliente del nuevo campeón del mundo.

Ese vestuario... Ese vestuario... La acción se diluye. La escena vuelve a perderse de mayor a menor hasta convertirse en una nebulosa... Una nebulosa que recién se disipa en el Akasaka Prince, en la secuencia final del filme...

Es el gran día, Horacio. Esta cumbre que alcanzas a los 30 años reservaba en un cofre la gran sonrisa. "Hay mucho llanto debajo de todo esto", nos dijo Vaccari. Entonces, reíte, Horacio... Reíte sin parar. Porque nadie hizo tanto por llegar. Porque nadie peleó igual esta gran oportunidad. Reíte, Horacio... Vos, el auténtico, sos ese que está delante mío en la sala alfombrada del Akasaka. Sos ese que habla de "DE LA PATRIA..." Y artículo tan caro, Horacio, no tiene comprador en la galería de Villa Diamante.




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RINGO BONAVENA - VIDEO - PROGRAMA DE OSVALDO PRINCIPI EN CANAL 7  

Publicado por Unknown

RINGO BONAVENA - VIDEO - PROGRAMA DE OSVALDO PRINCIPI EN CANAL 7

El programa de Osvaldo Principi - KO TEVE de CANAL 7 (TV PUBLICA) en una entrega sobre Ringo Bonavena.
Domingos a las 13 hs.

BONAVENA 01 - KO TEVE - PARTE 1 DE 4


BONAVENA 01 - KO TEVE - PARTE 1 DE 4
Cargado por boxtoday. - Descubre los videos de deportes más espectaculares.


PARTE 2 DE 4


BONAVENA 02 - KO TEVE - PARTE 2 DE 4
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PARTE 3 DE 4


BONAVENA 03 - KO TEVE - PARTE 3 DE 4
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PARTE 4 DE 4


BONAVENA 04 - KO TEVE - PARTE 4 DE 4
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MAS INFORMACION AQUI EN CANAL 7 (TV PUBLICA):

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LUPE PINTOR, LA PRENSA MISERABLE Y LA HERMOSA MEMORIA - JOHNNY OWEN  

Publicado por Unknown



LUPE PINTOR Y LA PRENSA MISERABLE

Buscando me entero que el periodismo independiente y puro, en éste caso de Puerto Rico, le hace un reportaje a Lupe Pintor para que diga que Cotto se debe retirar

De verdad no pensaba que ser periodista era ser sádico y cruel como para llegar a la bajeza de entrevistar a uno de los grandes campeones que tenemos para, sencillamente, solazarse en las respuestas y cerrar el reportaje con una foto de su derrota frente a Wilfredo Gómez.

¡Qué bajeza hay frente a tanta altura de un gran boxeador!





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Para quienes no conocen a Lupe Pintor fue uno de los grandes campeones mexicanos.
Pero para recordarlo mejor voy a pegar una muy buena nota de La Jornada y no sin antes recordar que lo que a el le pasó le ha pasado a muchos deportistas del boxeo como el cubano Paret, del cual hay una muy buena pelicula que les recomiendo comprar.

Tambien voy a pegar la pelea, dramática pelea, por la cual Lupe no se pudo recuperar.

Pero sin estridencias.

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Era una fría mañana de noviembre y la lluvia hacía más triste el paisaje de Gales. El ex boxeador Lupe Pintor llevaba más de 20 años cargando una culpa sobre sus hombros y ese día estaba ante la posibilidad de conjurar el pasado trágico. La familia de Johnny Owen, quien murió como consecuencia de los golpes dados por el mexicano, lo había invitado a develar una estatua de bronce en honor del malogrado peleador.

Al descubrir el monumento la escena fue sobrecogedora: Pintor revivió las imágenes de aquel 19 de septiembre de 1980 –cuando abatió a Owen sobre el cuadrilátero– y rompió en llanto. Dick (padre de Johnny) abrazó por la espalda al ex campeón mundial mientras le sujetaba las manos para reconfortarlo. “Estoy apenado por lo que ocurrió. Yo no quería hacerle daño. Yo sólo hice lo que mejor sabía hacer, igual que Johnny, quien fue un gran guerrero. Este es un momento difícil para todos nosotros”, dijo Pintor con la voz entrecortada a los familiares ahí reunidos. Nadie lo culpó de nada. Le pidieron que dejara de torturarse, que había sido un accidente y que para ellos era un honor tenerlo en ese emotivo homenaje, celebrado el sábado 2 de noviembre de 2002 en Gales.

A casi 30 años de distancia, Lupe Pintor revive aquel desafortunado incidente sobre los encordados que se tatuó en la memoria del boxeo mundial, aumentando la lista negra de peleadores que han perdido la vida por los golpes –según algunas estadísticas suman alrededor de 500 muertos en todo el mundo en los pasados cien años–, y comparte con La Jornada el dolor de los recuerdos y las imágenes que todavía se le manifiestan en los sueños.

“Si algún día pensé hacerle daño a alguien arriba del ring, en quien menos pensé fue en Owen... Voy a vivir con esa pena hasta el día de mi muerte”, confiesa el ex monarca gallo, a sus 53 años de edad.

“Está cabrón... muy cabrón saber que a causa de uno alguien pierde la vida. La responsabilidad es directa porque arriba del cuadrilátero estamos uno frente al otro. Es muy difícil de superar”, y escupe la realidad con toda crudeza:

“Uno mató en el ring. Es un hecho real y no lo podemos disfrazar; es un accidente, pero al final uno es el responsable”, insiste Pintor.

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VIDEO PELEA



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La contienda

Aquella noche de septiembre de 1980, Johnny Owen, un muchacho galés desgarbado, flacucho, pálido y orejón, intentaría arrebatarle el cinturón al monarca Lupe Pintor, un recio peleador de Cuajimalpa, fibroso, de gran coraje y que golpeaba con la potencia de una locomotora. El contraste entre ambos púgiles era evidente; sin embargo, el combate resultó una verdadera guerra protagonizada por dos hombres voluntariosos y entregados.

En el Olympic Auditorium de Los Ángeles, el público enardecido vio que Owen –con 25 peleas, una derrota, un empate y 13 nocauts– era una máquina de tirar golpes e incluso llegó a arrinconar contra las cuerdas al monarca mexicano –con 47-7-1 y 33 nocauts–, quien relata:

“Subí al ring con la intención de salir adelante, de defender mi campeonato, porque además eso me iba a dar una mejor forma de vida. Owen resistió, pero en el sexto round lo derribé, aunque inmediatamente se recuperó. Vino el noveno asalto y otra vez lo vuelvo a tumbar, aunque esta vez ya se levanta muy lastimado, fue cuando el réferi le preguntó si podía continuar y por instinto dijo que sí, pero ya venía lastimado desde el sexto episodio.

“En el duodécimo vino otra vez hacia a mí y que lo vuelvo a conectar, pero lo tumbé de una manera tan grotesca que un comentarista dijo que había caído como muerto… desgraciadamente así fue, porque ya estaba dañado de muerte”, dice sin evitar que la voz entrecortada interrumpa el hilo del relato.

La imagen es reveladora, aunque Owen insiste en ir siempre al ataque, ya no tiene fuerzas; su cuerpo está sobre el enlonado, pero el muchacho de Gales hace tiempo que abandonó la arena. Cuando cae por el potente derechazo de Pintor lo hace como si fuera un muñeco al que le cortan los hilos que lo sostienen. El retador estuvo internado en la unidad de terapia intensiva de un hospital en Los Ángeles, hasta que finalmente murió, tras 46 días en coma.

“Fue algo terrible porque a veces uno sube al ring con ganas de dañar al rival. Por ejemplo, cuando peleé contra Carlos Zárate o contra Juan Kid Meza, quería darles bien duro, pasara lo que pasara, pero cuando me enfrento a un tipo como Owen, todo un caballero, un profesional, un hombre de mucho respeto, pues lo que menos pensé es en lastimarlo, y te sucede la tragedia (dice de manera impersonal); es algo muy difícil de superar y vive uno con esa pena toda la vida, yo creo que hasta que me muera voy a vivir con ella”.

No se puede vivir con miedo

Con todo y el dolor, Pintor jamás pensó en abandonar el boxeo, y siguió en combate tratando de dejar atrás un incidente que desde el inicio sabía que podía ocurrirle al contrincante o a él mismo.

–¿Tuvo miedo de volver a hacer daño a un rival?

–No, me subí al ring con la misma confianza y con la determinación de seguir adelante, pero claro, hubo gente que me ayudó. En este deporte no se puede vivir con ese miedo. No se puede porque, una de dos, o de plano uno se retira o continúa con la misma disciplina y determinación. Además, se está ante la posibilidad de asegurar el futuro, no sólo propio, sino de toda la familia, los hijos, hermanos y padres, por eso la única opción es salir a darle con todo al oponente.

“Por eso a veces uno llega a subirse al ring con la suficiente determinación y dice: no importa lo que me pase, si me muero, no me importa, pero voy a conseguir el éxito a como dé lugar”, cuenta el ex púgil, quien dejó atrás aquel aspecto feroz y ahora asemeja más a un hombre bonachón de sienes plateadas, que dedica sus días a instruir a jóvenes promesas con los guantes.

–¿Cómo sanar las heridas tras la muerte de Owen?

–Tuve, y hasta la fecha tengo, terapias con un sicólogo que me ha ayudado, tiene más de 30 años trabajando conmigo: me ha ayudado a superar muchísimas cosas en la vida y en ese momento fue crucial para que yo pudiera seguir adelante. Pero más que nada me ayudó la determinación personal, y así subía al ring siempre pensando que las cosas iban a salir bien, desde luego, después de una buena preparación.

–Entonces, si los boxeadores están conscientes del riesgo, ¿qué mueve a un joven a subir a un cuadrilátero a buscar el éxito aun a costa de su propia vida?

–¿Qué es lo que mueve a uno? –se pregunta ante la obviedad de la respuesta –lo que mueve a todos en el boxeo: la necesidad; las ganas de tratar de cambiar la vida, porque la mayoría de la gente que nos metemos en esto tenemos muchas carencias económicas y hasta emocionales; además, cuando uno está de lleno en este negocio, tenemos metas y no pensamos en que van a ocurrir situaciones como estas, como la de morir en el ring. Lo que verdaderamente queremos es dejar atrás una vida de privaciones, ¡aun a costa de la vida propia! Pero así es el boxeo, es drama y es peligro”.

–Don Lupe, ¿aún sueña con aquel percance con Owen?

–Sí. Todavía lo veo, todavía lo sueño. A veces veo cosas de aquella noche tan terrible… veo cosas que son muy personales –confiesa, y se sume en un profundo silencio.


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TRIBUTO A JOHNNY

"bionic bantam"

OWEN




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7 de enero de 1956 - †4 de noviembre de 1980

Juan Manuel Vázquez - Foto: Fabrizio León - La Jornada - Mexico y un poquito yo

MUHAMMAD ALI vs LARRY HOLMES - VIDEO - CLASICOS  

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Muhammad Ali vs Larry Holmes



Caesars Palace, Las Vegas, Nevada, Estados Unidos
2 OCT 1980

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MACHO CAMACHO vs GREG HAUGEN 1 - VIDEO - LAST ROUND - ULTIMO ROUND  

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MACHO CAMACHO vs GREG HAUGEN 1 - LAST ROUND - ULTIMO ROUND
Caesars Palace, Las Vegas, Nevada, Estados Unidos - 23 FEB 1991




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MUHAMMAD ALI vs GEORGE FOREMAN - VIDEO PARA VER O DESCARGAR - ORIGINAL EN ESPAÑOL - EL RUGIDO DE LA SELVA - The Rumble of the Jungle - CLASICOS  

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"Estaba solo en el ring, el aspirante retando al campeón, el príncipe en espera del pretendiente, y a diferencia de otros boxeadores que languidecen en los largos minutos previos a la aparición del poseedor del título, Alí parecía disfrutar como un rey en su indiscutida posesión del espacio. No sólo no parecía tener miedo, sino que daba la impresión de estar al borde mismo de la felicidad, como si la disciplina de pasar dos mil noches durmiendo sin su título, después de que se lo arrebataran sin haber perdido un combate -que para un boxeador es sin duda una frustración equivalente al impacto que provocaría escribir 'Adiós a las armas' y no poder publicarlo-, hubiera sido una prueba bíblica de siete años al final de la cual llegara con lo fundamental de su honor, su talento y su deseo de grandeza intacto y radiante. El cuerpo le brillaba como los flancos de un pura sangre. Parecía completamente listo para pelear con el hombre más fuerte y más cruel que se viera en muchos años en los círculos de la categoría de peso pesado..."

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"Nuevamente se movieron a través de invisibles fuerzas de atracción y de repulsión, lanzándose hacia adelante, deslizándose hacia un lado, levantando la cabeza, tratando cada uno de transmitir al otro una sensación de pánico, dos hombres enormes, rápidos como pumas y tensos como tigres, de cuyos movimientos saltaban chispas. Alí volvió a pegar, un directo de izquierda y luego un directo de derecha. Foreman respondió como un toro. Se lanzó rugiendo hacia adelante..."




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"He estado arriba y he estado abajo. Tiene que ser triste que te noqueen. ¿Por qué nunca me han dejado K.O.? Me han derribado, pero nunca me han noqueado"... "Flota como una mariposa, pica como una abeja, no puedes golpear lo que no ves"
... Bundini le mostró la bata, y luego Alí eligió los pantalones cortos. Desechó unos blancos y decidió usar otros con una banda vertical negra. Mailer apreciaría luego en las fotografías de la pelea que aquella banda

"articulaba cada movimiento desde el torso hacia las piernas"...

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- Bundini, ¿vamos a bailar?, preguntó Alí.
- Toda la noche, dijo Bundini.
- Sí, vamosa baaai-laaar. Y volvió a dirigirse a Broadus: Dile que se prepare.
- No pienso decirle nada, susurró Broadus.
- Dile que más le vale saber bailar.
- Él no baila (...) Mi patrón tiene cosas más importantes que hacer.
- ¿Que no qué?...
- No baila.
- El hombre de George Foreman dice que George no sabe bailar. ¡George no puede ir al baaaile!
- ¡Cinco minutos!, gritó alguien, y Youngblood alcanzó una botella de zumo de naranja al boxeador. Alí bebió un largo trago, equivalente a medio vaso, y miró divertido a Broadus.
- Dile que me pegue en el estómago.

Texto: Norman Mailer

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MUHAMMAD ALI - DOCUMENTAL - VIDEO - PARA DESCARGAR O VER ONLINE  

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MUHAMMAD ALI CAMPEON - 25 DE FEBRERO DE 1964 - HISTORIA - VIDEO CLASICOS  

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Este 25 de febrero se cumple un nuevo aniversario de la primera obtención del título de todos los pesos por Muhammad Ali.
Para muchos (incluyendolo a el) fue el mejor de todos los tiempos.
Lo cierto es que si no ha sido el mejor ha sido el más polémico, mas bocón y mas talentoso de todas las épocas
.
Con una personalidad que aun muchos quieren imitar combatió con los mejores en la época dorada del boxeo.

Incluso con 2 boxeadores rioplatenses. Con el máximo ídolo de Argentina, hincha de Huracán, Ringo Bonavena (seguramente muchos mencionaran a Monzón, pero Ringo era especial, jamás salió campeón y arrastró multitudes como nadie. Era mas popular que Maradona, pero para el habrá un momento en éste blog mas adelante).

Además Ali enfrentó en su segunda época como boxeador al uruguayo Evangelista. Ídolo en España (donde lo consideran propio y quizás tengan razón) y gran leyenda del box. Cualquiera de esos dos hubiese sido campeón en ésta época tan mediocre del boxeo pesado y también en esa. Pero existía Ali. Y con Ali activo era muy dificil ser campeón.

Ali fue y es muchas cosas, desde el converso musulmán hasta el izquierdista radical que aun hoy seguiría generando controversias.
Es mas, en todas las biografias que encontré en Internet parece provocar cierto resquemor en algunos que un negro de mierda y del pueblo se haya enfrentado al poder y los medios.
Les da cosa y por eso opinan o modifican lo que el decía. En su bio de wikipedia hay cierto paternalismo en la explicación de sus actos o justificación. Después de todo eran los 60. Dicen.

Como si nuestros compromisos fueran con determinados años o épocas y no con la vida.

Ahora que está de moda cambiar de bandera por dinero. nada mejor como ejemplo que el admirador Nº 1 de Ali, el cubano Teofilo Stevenson, quizás luego de Ali la mas grande leyenda del box.
Teofilo dice que si volviera a nacer volvería a negarse a pelear con Ali pese a los millones que le ofrecieron, aunque siempre peleó con Alí.
Es que el hubiese peleado gratis con su siempre admirado ídolo que aunque muchos no lo sepan o no quieran es un profundo admirador de la revolución cubana y que ha ayudado a ese pais junto al actor Ed Asner entregando donaciones y visitado Cuba donde se encontró con su Némesis e imposible rival Teofilo Stevenson.




PONGAN PAUSA PUES NO HE MIRADO AUN COMO QUITARLE EL AUTOPLAY

Sigo contando, Muhammad dejando su conocida verborragia, cuando le preguntaron quien habría ganado, no dudó.
Dijo, hubiesemos empatado.
O como dijo Stevenson: "En realidad yo nunca perdí, porque de las derrotas se sacan experiencias, y cuando se sacan experiencias, se gana".
Y luego de decir eso ganó varios títulos del boxeo amateur y olimpico.
Y cuando le ofrecieron varios millones de dolares por pelear con Ali dijo:
"Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos" "Y no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer".

Pero hablamos de Ali y no de Stevenson.
Especialmente hoy que se cumple éste nuevo aniversario de su primer título mundial.
Voy a poner una biografía que me pareció bastante buena, aunque quizás en el futuro insista con otras grandes peleas de uno de los mas grandes boxeadores de todos los tiempos.

Y algunas grandes frases que le sobran a éste mito viviente.
Como:
"Un hombre que ve el mundo a los 50 igual que a los 20, ha perdido 30 años de su vida".

Pero mucho mejor, ésta hablando de las guerras sangrientas que hace EEUU:

"¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10000 millas de casa y arrojar bombas y tirar balas a gente de piel oscura mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples? No voy a ir a 10000 millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y quemar a otra pobre nación simplemente para continuar la dominación de los esclavistas blancos".


Quiero aclarar que omito el prefacio donde se niega sin ningún fundamento que Muhammad Ali arrojara su medalla de los Juegos Olimpicos de 1960 al rio Ohio.
Esa anécdota está contada de primera fuente y Ali jamás la negó pero parece que al que escribió la biografía le molesta.

ORÍGENES:

-Muhammad Alí nació el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, hijo de la pareja de clase media formada por Cassius Marcellus Clay Senior y Odessa Lee Grady Clay. Hablamos de clase media negra, de modo que no es la que uno se imagina, aunque tampoco llegó a pasar hambre de niño. Y además, en el sur de los EEUU de los años 40 y 50 existía un trasunto del régimen del Apartheid en sudáfrica que, por descontado, marcaría de forma indeleble la existencia del campeón.
Sirva de ejemplo el hecho de que no mucho despues de regresar de los juegos (y aunque la historia de la medalla deriva de la fantasía de un extremista religioso, (ven como el extremista religioso es el periodista)), tuvo que soportar la humillación de ver como le negaban un zumo y el derecho de estancia en un restaurante de su propia ciudad, que le había organizado un homenaje un par de semanas antes.

LOS COMIENZOS.

-Seis semanas después de empezar a entrenarse, Cassius Clay debutó entre las (entonces) tres cuerdas, pesando cuarenta y cuatro kilos cuatrocientos gramos. Su rival, un alevín llamado Ronnie O'Keefe, en un combate pactado a tres asaltos de un minuto. Ambos se dieron una buena serie de golpes no muy ortodoxos hasta que les dolió la cabeza. Alí lanzó alguno más, recibiendo la recompensa de un flamante primer combate nulo. Seguidamente, acogió la decisión gritándole a todos que muy pronto sería "el mejor de todos los tiempos".
En cuanto ganó algo de peso, fuerza y sentido del cuadrilátero, empezó a desarrollar ese estilo tan particular que más adelante sería pulido por sus sucesivos entrenadores, sobre todo por el definitivo, Ángelo Dundee.

Cassius dejaba las manos colgando, imprimía una trayectoria sinuosa a los golpes de izquierda y daba vueltas por el ring de puntillas. Su mejor defensa era la rapidez, aquella insólita habilidad para calibrar el golpe del adversario y apartarse lo justo para que no le acertara, y devolverlo de inmediato.
Tenía unos ojos excepcionales. Daban la impresión de no cerrarse nunca, de no ofrecer jamás una pista al rival. Y en cuanto percibían una apertura, sus manos actuaban en consecuencia.
Clay no sólo era rápido, sino muy valiente y capaz de mantenerse frío en las situaciones difíciles; nunca se dejaba llevar por la furia lanzándose a réplicas desordenadas. Si algo distingue realmente a Muhammad Alí como boxeador, es su inteligencia. No eran sólo la rapidez, el coraje y aquellos reflejos sobrenaturales; sabía pelear.
Y la disciplina. Desde sus inicios, vivía prácticamente en el gimnasio. No fumaba, no bebía. Un par de veces esnifó con sus amigos las emanaciones de un tanque de gasolina, pero ahí se terminan sus experiencias con alucinógenos. Era un obseso de la nutrición, y llevaba siempre consigo una botella llena de una mezcla de agua y ajo que, según decía, mantenía la tensión baja y la salud perfecta. "Lo único que le interesaba era comer, entrenarse y hacer guantes", dijo Jimmy Ellis (su futuro sucesor en el trono de los pesados en 1967, cuando le retiraron la licencia por su negativa a ir al Vietnam), que tambien entrenó en el gimnasio de Joe Martin.
A los dieciocho años tenía un historial asombroso como amateur: 100 victorias y sólo ocho derrotas, dos campeonatos nacionales de los Guantes de Oro y dos títulos (también nacionales) de la Amateur Athletic Union.

EL PERSONAJE.

-Ya en la adolescencia era su propio estratega, no admitía imposiciones de nadie; mucho antes de tomarle el pelo a toda la prensa americana y mundial con sus poemas y asaltos psicológicos contra toda la sucesión de sus rivales, comenzó a inventarse.
En la previa de los combates metía la cabeza en el vestuario de su contrincante y le advertía entre alaridos que se preparase para recibir una buena tunda. Con doce años, llegó a amenazar a George King, un púgil local casado y con hijos (por supuesto, no combatieron).

Ante los periodistas fanfarroneaba igual, de forma que su popularidad creció vertiginosamente, aunque tenía un carácter negativo:la gente iba a verle fundamentalmente con la esperanza de que en tal o cual velada le partiesen la mandíbula. Lo asombroso es que ya entonces era una estrategia premeditada: "me da igual lo que piensen de mí, con tal de que vayan a verme". Y las gradas se llenaban. Dick Schaap, jefe de la sección de deportes de Newsweek, lo conoció personalmente antes de los juegos olímpicos de 1960: "no tenía más de dieciocho años pero era la persona más llena de fuerza y más viva con quien me había tropezado nunca. Era como estar con un gran actor, o uno de esos políticos que le dejan a uno electrizado. Una persona con aura, dotada de una especie de energía interior. Y se daba uno perfectamente cuenta de que todos íbamos a hablar muchísimo de él en los años venideros".

LOS JUEGOS OLÍMPICOS.

-En pleno Central Park, Joe Martin tuvo que ejercer de psicólogo improvisado para resolver una cuestión que a punto estuvo de dejarlos en tierra, impidiendo la conquista de la medalla de oro de 1960. Presa de un ataque de pánico, de miedo a volar, Alí tardó varias horas en convencerse de que no podían ir a Roma en barco; luego se fue a una tienda de excedentes del ejército ¡a comprarse un paracaídas!
"De hecho, lo llevó puesto durante todo el viaje. Lo cierto es que fue un trayecto bastante agitado, y allí estaba él, rezando en el pasillo, con el paracaídas puesto".
Una vez en Italia, montó lo más parecido a una revolución en la Villa Olímpica... Al cabo de unos días le llamaban, en broma, "el alcalde de la Villa Olímpica". Wilma Rudolph, ganadora de tres medallas de oro en las pruebas de velocidad, afirma: "todo el mundo quería verlo. Todo el mundo quería hablar con él. Y él, hablando sin parar. Yo siempre me quedaba atrás, a ver qué decía".
Por supuesto, ganó la medalla de oro de los pesos semipesados, venciendo en la final a un correoso polaco de nombre impronunciable, Zbigniew Pietrykowsky. En lo más alto, su carrera amateur había terminado.

EL PASO AL PROFESIONALISMO.

-De vuelta en los EEUU, un grupo de oligarcas blancos de Louisville se reunieron para crear una sociedad que patrocinara al joven campeón. De este modo, bien respaldado, inició su carrera profesional. El 20 de octubre de 1960 derrotaba a Turney Hunsaker en un combate a seis asaltos.
Ahora su entrenador era Fred Stoner, elegido básicamente por ser negro. Más tarde llegaría su preparador definitivo, el gran Ángelo Dundee, al que aceptó (pese a su irremediable tez caucásica) porque no quiso imponerle sus propias reglas ni restarle protagonismo, sino explotar sus cualidades.

El campeón vigente de los pesos pesados era por aquel entonces Floyd Patterson, uno de los boxeadores más prestigiosos del siglo, y tal vez el más educado; Kennedy llegó a decirle, antes de su pelea contra el terrorífico Sonny Liston, que debía vencerle porque representaba el lado bueno de la sociedad, mientras que Liston era un ex-presidiario, el último campeón del mundo controlado por la mafia de John Garbo, un mafioso que probablemente dió la orden para asesinar al famoso Bugsy Siegel, el "fundador" de Las Vegas.
Pero todo ello le interesaba poco a Alí, todavía Cassius Clay. Gritaba a los cuatro vientos que su boxeo dejaba en pañales al de Patterson, o el de cualquiera. La prensa y la opinión pública en general, acostumbrados a la solicitud y correción política de campeones negros como Joe Louis o Jackie Robinson en beisbol, quedaron estupefactos al escuchar las palabras de aquel (no lo olvidemos) debutante. Sus entrevistas eran un prodigio de exhuberancia y descaro. Antes de su combate contra Lamar Clark, un boxeador durísimo con 45 victorias seguidas por KO, expresó su pronóstico: "¡lo tumbaré en el segundo asalto! ¡Soy el más grande! y bla, bla, bla"...

De este modo, Alí iba ganando enteros como el boxeador más impopular del momento excepto, quizás, Sonny Liston. Con una salvedad: Liston sencillamente daba miedo, al público y a sus rivales, mientras que en Alí veían a un chulo, un negro orgulloso como no se veía desde Jack Johnson (primer campeón de raza negra los pesados), y mucho más irritante. Visto ahora, aquello era terriblemente divertido, y sólo hubiera dejado de serlo en caso de una derrota, pero Muhammad Alí estaba en el ring para evitarlo... La pelea con Lamar Clark terminó cuando el
árbitro detuvo el combate porque este había besado la lona dos veces, con la nariz rota... En el segundo asalto.

-Durante 1960 y 1961 Muhammad fue acelerando su carrera tanto en lo pugilístico como en lo teatral. Le ganó a un buen número de grandes y conocidos pesos pesados (Alex Miteff, Sonny Banks, Bill Daniels, Lavorante), demostrando por el camino que también sabía encajar, por ejemplo cuando Banks lo derribó en el primer asalto y se sobrepuso para vencer después. Luego se convirtió en uno de los aspirantes más cualificados al título de campeón mundial tras vencer (exactamente como había vaticinado) en el cuarto asalto a un mito del boxeo como Archie Moore.

En aquella época inició su relación con La Nación del Islam, dirigida por Elijah Muhammad y entre cuyos líderes se encontraba Malcom X, quien introdujo a Alí en la organización convirtiéndose en su mentor y gran amigo.



Tras la muerte de Elijah Muhammad en 1975, la Nación del Islam se escindió en dos, una facción dirigida por Wallace Muhammad (moderada, negando la divinidad de Elijah y acercándose al Islam tradicional), y otra mucho más radical, dirigida por Louis X, hoy apellidado Farrakhan y que alcanzó su momento de gloria hace unos años con la "marcha de un millón de hombres negros" sobre Washington.

Poco después conocería a Bundini Brown, personaje que forma ya parte de la imagen del campeón, animándole desde su esquina del ring.
Bundini se convirtió en su gran amigo y bufón animador. Ambos conectaron de forma especial y cuando Muhammad ganaba, Bundini lloraba de júbilo, como también lo haría, de tristeza, en las derrotas... Un caso.
Tras dos peleas dudosas en 1963 contra Doug Jones y Henry Cooper (que llegó a ponerlo de rodillas en el cuarto asalto mediante un gancho que pronto se hizo famoso), el mánager de Sonny Liston (campeón del mundo tras volatilizar a Floyd Patterson en dos peleas sucesivas que duraron en total ¡menos de cinco minutos!) anunció que su representado había aceptado la propuesta de Cassius Marcellus Clay para un combate en el que se pondría en juego el campeonato del mundo de los pesos completos.

EL QUINTO BEATLE.

-Y comenzó una de las guerras psicológicas más famosas de la historia del deporte. En ella, Alí llevó al extremo su particular habilidad para desquiciar al público y a los rivales, como cuando se paseara por Londres con bombín y pajarita diciendo que Buckingham palace era "un pisito la mar de apañado".
Había solicitado el combate persiguiendo a Liston armado con un tarro de miel, "para atraer al gran oso feo", y nada más concedérselo se trasladó a Denver para, a las tres de la mañana, organizar un alboroto de cuidado frente a la casa de su oponente ("¡Sal de ahí! ¡Te voy a machacar! ¡Ahora! ¡Sal a defender tu casa o echo la puerta abajo!") ...No sin haber llamado antes a todas las agencias de noticias de la ciudad.
Durante los meses anteriores a la velada se dedicó a hacerle creer a Liston y al mundo en general que estaba loco de remate: "¡una de mis alfombras va a ser su pellejo! ¡Lo voy a regalar al zoo cuando termine con él! y etc..."




Debemos tener muy en cuenta que en aquella época cualquier manifestación no rigurosamente sobria en la previa inmediata a un combate significaba que el boxeador estaba muerto de miedo.
Y así, mientras el gremio de periodistas al completo daba por sentado que iban a cubrir una de las peleas más breves de todos los tiempos, Cassius Clay se dedicó a entrenar , ajeno a las críticas, de forma implacable.
Dos semanas antes de su defunción, se hizo unas fotos con un joven grupo musical inglés que también iniciaba su carrera con revuelo... Y empezaron a llamarlo, despectivamente, el quinto beatle.

EL GRAN OSO FEO.

-Sonny Liston era el prototipo de campeón del mundo, un bombardero que no sólo derrotaba a sus oponentes sino que además les hacía daño, los lisiaba, humillándoles con aquellos KOs fulminantes... Aparte de una estrecha relación con la mafia, poseía el jab más devastador de la historia, una especie de golpe hacia arriba que era una especie de cañonazo (levantaba a la gente del suelo), y unos reflejos soberbios acompañados de un buen control de los pies y de su rapidez... El boxeador más temido desde los tiempos de Joe Louis, que estaba en su esquina el día de la pelea.

Enfrente de aquella máquina no había más que un debutante de veintidos años, un chuleta engreído que le disputaba el fervor impopular de la gente, en su caso mediante una sarta de bravuconadas constante e insufrible... Durante el pesaje, montó un escándalo tan enorme que nadie recordaba algo ni remotamente parecido. Llegó a simular un ataque de histeria tal que hubo que revisar sus pulsaciones una hora después para que se permitiera la celebración del combate. "¡Alguien va a morir esta noche! ¡No eres ningún gigante y te voy a comer vivo!", gritaba mientras lo sujetaban, debatiéndose con los ojos fuera de las órbitas y saltando como un enajenado... "¡Eres un imbécil, imbécil, imbécil... Soy un gran actor! ¡Soy un gran actor!"



No es de extrañar que ni un sólo pronóstico le fuera favorable ni que su médico personal, Ferdie Pacheco, hubiera preguntado a sus espaldas cual era el camino más breve para llegar a los hospitales de Miami... Sirva como ejemplo la columna del New York Post de ese día: "mi predicción es que liston ganará a los 18 segundos del primer asalto, y en el cálculo incluyo los tres segundos que Bocazas ponga por su cuenta."
El convencimiento de que estaba aterrorizado llegó a tal punto que las apuestas estaban 7 a 1 en su contra. Se dijo, incluso, que había escapado de Miami... Pero el Bocazas tenía sus propias ideas... Lo había conseguido; todo el mundo pensaba que era un chiste malo, un demente, y Sonny Liston no se había entrenado lo suficiente.

¡AHORA SE TRAGAN SUS PALABRAS!

-Era el 25 de febrero de 1964. A mediados del segundo asalto, el hombre más duro de la tierra sangraba abundantemente por un bulto horrible debajo del ojo izquierdo, que el aspirante martilleaba convenientemente. Por ende, el rey de los pesos pesados no había sido capaz de alcanzar a Alí en ningún momento.

Increíble... Bailando a su alrededor ("vuela como una mariposa, y pica como una abeja", dijo Bundini Brown), intocable, un boxeador con la velocidad y reflejos de un peso medio y la pegada que nadie le reconocía, aunque no andaba lejos de los 100 kilos y era bastante más alto que su rival. Venció con una claridad meridiana, insultante, y el combate , en video, parece un esperpento, un juego de niños para Alí, que se las tenía con un boxeador que bien pudiera haberse desecho del mejor Tyson con sus mismas armas.
De nada sirvió que los preparadores de Liston untaran con sustancias picantes los guantes de su pupilo en una maniobra ilegal, desesperada y nunca reconocida, salvo en privado... Pese a disputar el quinto asalto casi ciego, no hubo color. Una vez limpios los ojos, tranquilizado por Ángelo Dundee, nada cambió hasta el inicio del séptimo, cuando Sonny Liston arrojó la toalla, alegando una lesión (verdadera, aunque soportable) de hombro. En realidad, no pudo aguantar la humillación.
¡Muhammad Alí era campeón del mundo! Como un pistón, se volvió hacia los periodistas, gritando desaforadamente: "¡quiero que todo el planeta sea testigo! ¡Soy el más grande! ¡Soy la conmoción del mundo! ¡Acabo de cumplir veintidós años y he liquidado a Sonny Liston! ¡Soy el rey... Soy el rey del mundo! ¡Ahora os tragáis vuestras palabras! ¡Ahora os tragáis vuestras palabras!".

EL GOLPE DE ANCLA.

-Inmediatamente después del combate de Florida, Alí reconoció sin tapujos su pertenencia a la Nación del Islam. A partir del 6 de marzo de 1964 renunció a su nombre de esclavo (Cassius Clay se llamaba el amo del tatarabuelo del campeón).

Luego emprendió una gira multitudinaria por Nigeria, Ghana, Egipto... Cuyo enorme éxito reparó todos los agravios sufridos en los EEUU. "Le entusiasmaba que lo reconocieran en países donde nadie había oído hablar de Joe Louis, y mucho menos de Rocky Marciano. Fue su primer contacto con lo que significaba ser Muhammad Alí, símbolo internacional, un púgil más importante que el propio campeonato del mundo... El hombre más famoso de la tierra."

El 25 de mayo de 1965, en Lewiston, Maine, tuvo lugar la revancha contra Sonny Liston, un combate que nos dejó de recuerdo la imagen fotográfica más perdurable de Alí y un KO que él mismo llamó "el golpe de ancla".
Transcurría el minuto justo de la pelea cuando Sonny Liston arremetió con la izquierda contra el campeón, que se apoyaba en las cuerdas. Reculando, este lo evita por muy poco, al tiempo que gira hacia delante lanzando una mano descendente que dió de lleno en la sien de Liston.
Fue tan inesperado, y tan rápido, que en tiempo real apenas se distingue un latigazo borroso... Esa noche muchos gritaron ¡tongo! y es comprensible, habida cuenta de que no disponían, como nosotros, de una grabación nítida y un video que ralentice la imagen lo suficiente para ver cuan brutalmente se ladea el cuello del aspirante, e incluso como su pie izquierdo se despega de la lona... Chicky Ferraro, entrenador, dijo entonces:"El golpe dejó liquidado a Sonny. Caído de espaldas, con los brazos hacia atrás, pestañeó tres veces, como tratando de despejarse la cabeza, y yo miré hacia su esquina, a Willie Reddish. Me di cuenta por la cara que se le puso que su boxeador estaba en serios apuros..." Retorciéndose en el suelo del ring de Lewiston, el temible Sonny Liston dió por terminados sus días de gran púgil.




"NO VOY A PELEARME CON EL VIETCONG ESE".

-La siguiente pelea de Alí fue un paseo militar. Floyd Patterson, erigido en estandarte de la EEUU bienpensante, desafió al campeón tachándole de extremista y considerando públicamente que era indigno del título, aunque lo que más irritó al loco de Louisville fue que continuara llamándole Clay, despreciando su nombre musulmán.

En el primer asalto se limitó a esquivarlo sin golpearle ni una sola vez. En el segundo comenzó a lanzarle suaves jabs. En el tercero añadió los ganchos... Y así, aumentando deliberadamente el castigo pero sin intentar noquearle, humillándolo, Muhammad Alí prolongó la pelea hasta el doceavo, cuando el árbitro detuvo la carnicería.



Tres meses después empezó su combate contra el gobierno. Sorpresivamente, lo declararon I-A, apto para el servicio, de modo que en cualquier momento podían llamarlo a filas. Era el campeón del mundo, le esperaba un destino cómodo lejos del frente, una maniobra propagandística similar a la de Elvis Presley, años atrás. Sin embargo, cuando le preguntaron acerca del Vietnam, del presidente y etc, en lugar de la declaración patriotera de rigor, a sabiendas de lo que se jugaba, respondió: "no voy a pelearme con el Vietcong ese".
Robert Lypsyte, del New York Times, presente entonces, declara: "ese fue EL momento de Ali; Durante el resto de su vida, la gente iba a amarlo o a odiarlo por aquella frase, que pudo parecer una declaración formal pero que de hecho fue algo que se sacó de la manga, improvisando". Comenzó a recibir amenazas de muerte y el abucheo generalizado, pero reaccionó afirmando su posición, estudiando el tema, dando charlas en las universidades... Es muy importante recordar que la opinión pública todavía no estaba mayoritariamente en contra de la guerra, ni mucho menos.

POLITICA ESTADOUNIDENSE: PRIMERO BOMBARDEAMOS Y ASESINAMOS Y LUEGO DAMOS AGUA EN CANTIMPLORA


La polémica continuó subiendo de tono a medida que Alí seguía combatiendo, en el ring, mientras no llegaba la llamada del gobierno. George Chuvalo, Henry Cooper otra vez, Brian London, Mildenberger, Cleveland Williams... La derrota que le infligió a Ernie Terrell el 6 de febrero de 1967 fue especialmente brutal. Para desafiarlo, este se había negado a llamarle por su nombre. Como a Patterson, lo martirizó sin sufrir daño alguno, sólo que esta vez la tortura se prolongó durante 15 asaltos... A cada golpe que le aplicaba a Terrell, canturreaba: "¿cómo me llamo? ¿Cómo me llamo?"
El 25 de abril de 1967, atendiendo a la convocatoria de incorporación a filas, en Houston, Alí llevó a efecto sus ideas, haciendo la declaración más importante de su vida, esta vez oficialmente: "me niego a incorporarme a las filas del ejército de los EEUU porque considero que debo estar exento de ello por mi condición de ministro de la religión del Islam".

Fue condenado a cinco años de cárcel y 10.000 dólares de multa. El máximo. Y lo que es peor, fue suspendido de la práctica del boxeo. Ya no era campeón del mundo... Jimmy Ellis venció en los despachos. Todos sus sueños, todo por lo que había estado luchando desde los doce años, desaparecía de un plumazo. En el apogeo de su vida deportiva, tuvo que exiliarse para no acabar entre rejas. "Calculo que la sanción vino a costarle diez millones de dólares en bolsas, patrocinios y todo eso", dijo Gordon Davidson.
Muchos lo tomaron por un niño rico que se niega caprichosamente a cumplir el servicio militar, pero el hecho es que se arruinó. Cobraban sentido, entonces, las palabras que le había escrito en una carta el filósofo Bertrand Russell (Escritor, matemático y filósofo socialista británico, Premio Nobel de Literatura):

"En los meses venideros, los gobernantes de Washinton van a tratar de perjudicarle a usted con todos los medios a su alcance pero usted sabe, estoy seguro, que ha hablado en nombre de su pueblo y en el de todos los oprimidos del mundo que desafían al poder norteamericano. Tratarán de hundirlo porque usted es el símbolo de una fuerza que no pueden aniquilar... Puede contar con todo mi apoyo. No deje de llamarme si viene por Inglaterra".

LOS TIEMPOS CAMBIAN.

-El 28 de junio de 1970, la interminable cadena de alegaciones del antiguo campeón del mundo de los pesos pesados se resolvió cuando el tribunal supremo de los EEUU , en decisión unánime, lo absolvió de todos los cargos. Un defecto de forma, las escuchas ilegales que había realizado el FBI en los teléfonos del incausado, permitieron a las orgullosas señorías limpiarse las manos sin reconocer el atropello.

Habían pasado tres años y medio. No sólo el título de campeón del mundo había llegado a las manos de un boxeador increíble, Joe Frazier; Tras el apogeo de las luchas civiles, mayo del 68 en Europa y la abrumadora oposición a la guerra del Vietnam, la gente veía el mundo, y a Alí, de otra forma.
Cuando regresó del exilio ya se había desvanecido casi toda la cólera hacia él dirigida. Ya no se dudaba de su sinceridad, aun sin estar de acuerdo con la naturaleza de sus ideas. Por ende, su actitud (pese al destierro, la inactividad forzosa y la decadencia económica) tampoco había variado un ápice, ni su lengua. Demonios, hacía reír a todo el mundo... Los tiempos habían cambiado, y los hombres también.
Otra cosa bien distinta era tomar en serio sus pretensiones de volver a ceñirse la corona de los pesados. Ningún boxeador había regresado después de tanto tiempo para vencer, ni siquiera Joe Louis, que perdió lastimosamente frente a Rocky Marciano. El comeback se antojaba una misión algo menos que imposible. Y, en cierto modo, lo fue; porque nadie boxearía jamás como el campeón del mundo de los pesos completos en los años 64, 65, 66 y 67... Nunca antes, y nunca después.

*La rabia se tornó en combustible de la voluntad...

Por todo ello, cuando Alí derrotó en tres asaltos a la gran esperanza blanca, Jerry Quarry, que era un candidato evidente al título mundial, una oleada de excitación recorrió los Estados Unidos y el mundo en general. No, no era lo mismo, pero allí había un púgil verdaderamente bueno, un gran boxeador. Pero, ¿Continuaría siendo el más grande?
Las dudas se fueron despejando el 7 de diciembre de 1970, cuando tumbó a Oscar Bonevena en el quinceavo asalto. Volvía a ser el aspirante número uno, pero aquella asombrosa rapidez que lo hacía intocable, ya no lograba alcanzarla más que a ráfagas. ¿Qué podía hacer contra Joe Frazier? Los dos llegaban a la pelea invictos, así que era de justicia darle un voto de confianza.
Lo cierto es que aquel primer combate se disputó demasiado pronto. Necesitaría un año más de plazo para alcanzar la forma que le situaría en su justo lugar. Pero el 8 de marzo de 1971, en Nueva York, aquella versión nueva de Alí se dispuso a recuperar el cetro que el gobierno le había robado. Y enfrente no sólo estaba el campeón del mundo, sino El Rival... Joe Frazier, su enemigo más odiado y querido, la némesis del más grande.

-Joe Frazier era un campeón de los pesos pesados a la antigua usanza, o a lo que se podía entender como lo más adecuado para el campeón del mundo, un poco la representación de un ideal... Un pegador, aunque su juego de piernas tampoco merecía ser ignorado, ni su velocidad e inteligencia en el ring: controlaba los tiempos, no disponía sólo de una velocidad, como George Foreman.

Pero lo que diferenciaba a Smoking Joe de los demás era el coraje. Sus orígenes eran de una pobreza que asustaba, y la miseria había dejado en él algo, un poso de orgullo, que hizo que sus combates no fueran sólo por el dinero y los títulos... Lo que se jugaba era la dignidad, la gloria personal. Y eso Alí lo comprendió perfectamente; odiándose sin remedio, el imperturbable ex carnicero de Filadelfia ha sido también la verdadera sombra del más grande.

Y la Sombra venció a los puntos tras 15 asaltos completos. Esa noche, ambos terminaron en el hospital. Paradójicamente, también fue la ocasión en que Alí se ganó el respeto incluso de los tradicionalistas más acérrimos del boxeo.
Después de un combate tan igualado como brutal, en el último minuto del último asalto, Frazier alcanzó a Alí con un gancho que lo mandó a la lona. Lo que todos esperaban era que no intentara levantarse, porque no tendría ya ningún sentido práctico; noqueado, absolutamente grogy, comprendió al instante que era imposible evitar la derrota. Y en ella, su figura alcanzó dimensiones inesperadas... Aunque no sabe muy bien ni donde está, consigue levantarse a los tres segundos, tambaleándose... Impresiona la decisión en sus ojos, negándose a aceptar lo inamovible, asombroso de puro coraje. Y resistió el castigo hasta el final.
El escritor Norman Mailer es, sin duda, quien mejor ha expresado lo que pasó por la mente de los aficionados que seguían el acontecimiento deportivo del año 1971, bien desde sus casas, bien desde los asientos del Madison Square Garden: "fue entonces como si el espíritu de Harlem y los fantasmas de los muertos del Vietnam acudieran en su ayuda, manteniéndolo en pie frente al desorbitado Frazier. Demostraba, así, lo que algunos intuíamos en secreto: que es un Hombre capaz de soportar la tortura moral y física, y seguir en pie".

La segunda pelea tuvo lugar a finales de enero de 1974, el año de Alí, cuando éste ganó a los puntos con cierta claridad. No tuvo la repercusión de las otras dos ya que no estaba el título en juego; la gloria del vencedor no era más que la posibilidad de enfrentarse al campeón vigente. Pero el 1 de octubre de 1975 ambos disputaron el más grande combate que verán los anales del deporte, la exibición más fabulosa que dos hombres hayan realizado jamás sobre un cuadrilátero: la Thrilla en Manila.

Los primeros cuatro asaltos fueron de Alí, un monumento a su inteligencia y talento. Porque si el gancho de izquierda era el golpe definitivo de Frazier, esa era la medicina que el loco de Louisville le recetó básicamente en aquellos doce minutos, para sorpresa de todos. Sin embargo, del quinto al onceavo asalto, Joe Frazier le propinó al campeón un castigo tal que permanecerá siempre indeleble en la memoria de los aficionados al boxeo.
De nuevo estaba contra las cuerdas, superado, vencido. Y de nuevo Muhammad Alí buscó en lo más hondo para sacar fuerzas de donde no existían, y peleó quizás los tres mejores rounds de su carrera, golpeando a Frazier de todas las formas posibles.
En el catorceavo, su rostro era una masa irreconocible, deformada como nunca se había visto, cuando otro directo le hizo escupir el protector bucal... Incapaz ya de abrir los ojos, no le dejaron levantarse de su banqueta para el último round. La guerra había terminado.






CUANDO FUIMOS REYES.

-Don King es un personaje singular. Muchos se preguntan cómo demonios un estropajo andante ha terminado por convertirse en el soberano de los promotores del boxeo internacional... Y Muhammad Alí es una de las respuestas.
En 1974, el célebre ex-convicto de melena huracanada le ofreció al campeón del mundo George Foreman cinco millones de dólares si peleaba con Alí. Después hizo otro tanto con este, que también estuvo de acuerdo... Faltaría más: era una bolsa increíble. En total, diez millones de dólares de la época, que serían unos veinte mil millones de pesetas al cambio actual. Gracias a aquella montaña de dinero, el combate del siglo iba a celebrarse.
Ahora bien; Don King no tenía diez millones de dólares.
Ni diez, ni cuatro... Lo que tenía era mucha jeta, y suerte; porque el país más grande del África subsahariana estaba festejando su independencia, y al dictador Mobutu Seke Seko le interesaba promocionarse, de modo que compró la velada por mucho, mucho más de diez millones. Y le salió rentable.

GEORGE FOREMAN

-La imagen del viejo y adiposo gigante de Marshall, Texas, reconquistando el título de campeón de los pesos pesados en 1994 (a la edad de 45 años) supuso un aldabonazo tremendo en la opinión pública. El hecho de que uno de los antiguos rivales de Alí, en plena ancianidad deportiva y al 50 por ciento de su capacidad original, se bastara todavía para llegar a la cima del boxeo, dejó sin habla a más de uno. Hoy día, sobre todo en los EEUU, George Foreman es una atracción mediática tal que su fama actual ha terminado por oscurecer un pasado glorioso. Como Alí (salvando las distancias), aunque en este caso es la panza lo que no nos deja ver el bosque.

Porque hubo un tiempo en que el sacerdote metido a púgil renacido fue el más grande pegador de la historia, y que nos perdonen los fanáticos de Joe Louis; hablamos de la colosal masa de músculo (sin grasa alrededor) que apabullaba en los rings de los setenta. Nadie ha empleado jamás unos puños tan demoledores, y ningún campeón ha sido tan indiscutible. Ni siquiera el primer Tyson: los rivales de Foreman no se llamaban Frank Bruno. En 1974 pegaba tanto y tan duro que se decía que sus golpes podían matar no ya a un hombre, sino al mismísimo Alí.
No era una exageración... No del todo; para derrotar a Joe Frazier, el loco de Louisville había necesitado más de 25 asaltos completos. Y 24 más para tumbar a Ken Norton, que de regalo le fracturó la mandíbula en el primero.
Pues bien: entre los dos no habían aguantado ni cuatro asaltos al invencible Robot de Texas. Hacía más de dos años que sus veladas no llegaban al segundo round, y nunca había sido derrotado... 40 peleas, 40 victorias y de ellas, 38 por KO. Una barbaridad.

Ya no era que destrozara a los únicos hombres que habían tumbado a Alí con una facilidad insultante; Los demás, esos mismos rivales de segunda fila que tanto le costaban ahora al antiguo campeón, la mayor profusión de buenos boxeadores que ha visto la categoría de los pesados en su historia, todos sin excepción le tenían un miedo cerval al invencible George Foreman... De no mediar aquellos diez millones de dólares, el Rugido en la jungla tal vez no se hubiera escuchado.

RUMBLE IN THE JUNGLE

-Nadie apostaba un céntimo por su victoria. Ignorando los precedentes (Liston, Frazier), la posibilidad de asistir al declive repentino del campeón ni se consideraba. Esta vez era Alí quien tenía 32 años, por veinticinco de Foreman. Para más inri, en el aeropuerto de Kinsasha había un avión-hospital preparado para volar a Madrid inmediatamente, si ocurría la tragedia... De nuevo, Muhammad Alí se encontraba en la coyuntura perfecta (por desfavorable) para engrandecer su leyenda.

No sabía Foreman la que le venía encima. En sus declaraciones, el más grande planteó el combate como una lucha entre el representante de la raza negra oprimida (él mismo) y un lacayo servil de la metrópoli.
Tal vez no anduviese muy desencaminado; en los juegos olímpicos de México 68, G.F. fue uno de los deportistas de color que enarboló una banderita de los USA en el podio, en vez de los guantes negros y el puño en alto de los velocistas... Aunque no se debe ser injustos con él. Lo hizo con la cabeza gacha, avergonzado, por la sencilla razón de que no quería acabar en el arroyo, como le pasó a los atletas, que sufrieron el ostracismo y la injusticia de una sociedad que no estaba preparada para el valor y la osadía de figuras como John Carlos.
En Zaire, de nada sirvieron las palabras del campeón señalando que era mucho más negro que Alí. Encerrado en un palacio de las afueras, custodiado por el ejército, inaccesible, le estaba dando la razón al de Louisville. Además, cometió un error lamentable nada más llegar, bajando la escalerilla del avión con un pastor alemán de la mano... El perro del ejército colonial belga, recién expulsado.
Muhammad Alí se hospedaba en un barrio popular. Y no rehuía el contacto sino que lo buscaba. Cuando iba a correr, por los suburbios más pobres de la ciudad, un séquito espóntáneo de cientos de africanos acompañaba su marcha. Y él como siempre, en su salsa, disfrutando de cada instante y diciéndoles exactamente lo que querían oír.
La película When we were Kings (Cuando fuimos Reyes), ganadora de un Oscar de Hollywood al mejor documental en 1997, adquiere una grandeza especial sobre todo por esos momentos: Correteando entre la basura, tratando a los humildes de la tierra como a sus iguales, despojado de su traje de superhéroe, ninguna otra figura de cualquier deporte ha alcanzado nunca el grado de exuberancia y magnetismo que desprendía Alí, sencillamente hablando...

El 30 de octubre de 1974, con el aspirante bailando alrededor de Foreman , la pelea discurría por los cauces que todo el mundo suponía. Pero a mediados del primer asalto dió un giro totalmente inesperado. Alí se fue a las cuerdas, de manera que los golpes del campeón alcanzaban con demasiada facilidad su objetivo. Era una locura, un suicidio, o al menos así lo entendió Ángelo Dundee, que no paraba de gritar ordenándole que boxeara como habían planificado.
Del primero al último de los comentaristas y la inmensa mayoría de los telespectadores se dispusieron a presenciar un combate breve por necesidad. Una locura... Excepto para los sesenta mil enfervorizados seguidores del Bocazas que abarrotaban el Estadio Nacional de Kinsasha.
La masa entera y vociferante, sobre todo a partir del quinto asalto, galvanizada por la milagrosa resistencia de Alí, como si la rabia acumulada durante años y años de esclavitud brotara de repente, empezó a gritar estremeciendo el lugar hasta sus cimientos... "¡Alí bomayé! ¡Alí bomayé!" ¡Alí, mátalo!
Rebotando a cada puñetazo de Foreman, echándose hacia atrás, hacia delante, con una guardia alta permanente, moviendo los hombros y la cabeza, sobrevivió a una desproporción de golpes recibidos y lanzados que era de veinte a uno.
El combate fue aquiriendo tintes de epopeya, y a medida que avanzaban los minutos crecían las señales de agotamiento de Foreman. Resoplaba como un búfalo, los golpes eran cada vez más débiles, su defensa se iba abriendo poco a poco... Y el KO no llegaba.

El mero hecho de iniciar el sexto asalto multiplicaba las posibilidades de Alí... Entonces, su locura se tornaba razonable. Porque fue el único en darse cuenta de que la ofensiva del campeón tenía un sentido concreto. La mayoría de los golpes iban dirigidos no al rostro, sino al hígado, bazo, caderas y riñones; el objetivo era inmovilizarle.Y lo cierto era que, más pronto que tarde, lo iba a conseguir. Ya no era el demonio inaccesible de su juventud, no tenía físico para evitarlo durante seis, siete o más asaltos... Aún así, terminaría más cansado que su rival, y adios muy buenas. Por todo ello, improvisando, decidió su propia estrategia; encomendándose a su esquiva prodigiosa, no se movió desde el inicio.
Lanzar los golpes más duros del planeta durante tantos rounds cansa, y mucho. En el séptimo, ya eran palmetazos... Y la concurrencia entró en el éxtasis del que hablamos antes... Jaleando los gritos del público, burlándose con muecas de temor francamente cómicas, guiñándole el ojo en cada descanso y ofreciéndole perlas como "¡golpeas como una niña! ¡Eres un negro mamarracho!", destruyó finta a finta la seguridad ilimitada de su rival.

Y sonó la campana para el octavo. La profunda concentración en los ojos de Alí nos advierte que ya estaba buscando un resquicio, el momento final. Cerca de una de las esquinas, evita la última andanada, devolviendo una serie fulgurante con ambos puños... ¡Y sólo las cuerdas detienen la caída de Foreman! Cuando este gira, dos golpes a la mandíbula, otro en la frente... Y entonces los brazos de Alí se dispararon en una izquierda que ladea totalmente el rostro del bombardero de Texas, para rematar la faena con una derecha recta inapelable que mandó al campeón a la lona... Y aquella imagen, la mayor sorpresa de la historia del boxeo hasta que James Buster Douglas noqueó a Tyson, daría la vuelta al mundo...

EL OCASO
-Después de vencer a Foreman se enfrentó consecutivamente a Chuck Wepner, Ron Lyle y Joe Bugner antes de la pelea con Frazier en Manila. Luego de cinco defensas más, el 29 de septiembre de 1977 la dureza de los puños de Ernie Shavers hizo que su intención de abandonar cobrara visos de hacerse realidad... No fue así, y en febrero del 78 Leon Spinks le arrebataba el cinturón de campeón del mundo a los puntos.

Siempre había afirmado que su estilo le evitaría las secuelas y lesiones habituales; pero el largo destierro tuvo sus consecuencias. Aprendió a ganar jugando a veces con desventaja, llevando al extremo las posibilidades (técnicas y psicológicas) del boxeo. Al fin, su verdadera marca de clase era la inteligencia.
Aprendió, también, a encajar: cientos, miles de golpes de varios de los mejores pesos pesados de la historia. Ordenaba a sus sparrings que le dieran fuerte... En esa estrategia estuvo el secreto de sus grandes triunfos en en Zaire y Filipinas, pero, "a largo plazo resultó un desastre" (David Remnick).
El 15 de agosto de 1978 recuperaba el campeonato por tercera vez al derrotar a Spinks en la revancha, y pareció cumplir su promesa de retirarse a tiempo... Hasta que en 1980 su ex-sparring Larry Holmes le propinó una buena tunda en las vegas. Por primera y única vez, no pudo terminar un combate (KO técnico en el onceavo).
El triste final de una carrera insuperable llegó (a los puntos con T. Berbick) en 1981.

LA ENFERMEDAD

-Es muy probable que ya entonces el deterioro neurológico hubiera comenzado. Desde luego no hablaba con la fluidez de antaño, y qué decir de sus reflejos, o la velocidad... En 1986 le diagnosticaron el mal de Parkinson.
Justo después de la pelea con Shavers, su médico Ferdie Pacheco le advirtió que tenía un grave daño renal y que estaba en peligro de sufrir alguna lesión cerebral si no se retiraba. Pero no le hicieron caso, y el que se retiró fue él. "Yo no le echo la culpa a nadie. Todos se dejaron ir e hicieron lo que hicieron partiendo del convencimiento de que Alí encontraría, como siempre, una forma de salir vencedor".
El parkinson es una dolencia que ralentiza los movimientos y paraliza los músculos, sobre todo los faciales, impidiendo al enfermo expresarse con normalidad. Su incidencia aumenta con el tiempo, llegan los temblores, y el mero hecho de tragar saliva termina convirtiéndose en un suplicio... Pero lo más terrible de la condición de Alí es que es totalmente consciente de lo que le está pasando: el mal no le ha privado de su capacidad de razonar.
Sin embargo, nunca se le ha escuchado una palabra de autocompasión. "Dios me está haciendo ver que soy un hombre como otro cualquiera. Y también te lo está haciendo ver a tí. Puedes aprender de lo que me sucede".




Su prestigio en los estados musulmanes y en el África negra es incluso mayor que el que tiene en occidente. A saber: en los ochenta, cuando las bombas explotaban sobre el cielo del Líbano, se plantó en el centro de Beirut para liberar a unos rehenes... Justo antes de la guerra del golfo, 15 más salieron de Irak bajo su custodia.



La mayor parte del texto está tomada de Muhammad Ali retrato de una leyenda en Geocities. Desconozco el autor. Los comentarios son mios.
Una de las razones por las que siempre considero que Muhammad Ali fue el mas grande boxeador de la historia no es porque sea el mejor boxeador de todos los tiempos. Los ha habido mejores seguramente. Pero Ali emula la "apócrifa" historia del muchachito David, ese que luchó con el gigante Goliath armado solamente con una gomera y mucho coraje.

Y Ali convirtió su mundo en un valle de Elah, donde lo que parecía imposible el lo logró.
Seguramente en 2000 años dirán que esto es camelo que no pueden existir personas como Ali, como el Che, como Sendic, Sandino o el propio Mandela, pero de lo mas seguro que estoy es que si no lo creen aparecerá alguien que hará lo que ellos no creen.

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Hor0