MARAVILLA MARTINEZ EN ROLLING STONE MAGAZINE ARGENTINA  

Publicado por Indi Indigo

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 MARAVILLA MARTINEZ EN ROLLING STONE MAGAZINE ARGENTINA

Maravilla Martínez: el gran golpe
 
De las profundidades de Quilmes al Madison Square Garden: cómo un boxeador argentino con hambre de gloria pasó de bailar en los bafles de una disco de Madrid a conectar el KO de la década.


Por Diego Mancusi
El artículo original click aqui:
http://www.rollingstone.com.ar/1498114-sergio-maravilla-martinez-el-gran-golpe
Fotos b/n de Rolling Stone.


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Hace un par de meses, Sergio "Maravilla" Martínez demolia en el Madison Square Garden a Matthew Macklin. Todavía sobre el ring, con la cara hinchada y el pulso a 120, Maravilla comparó la faena con la tala de un árbol: lo fue mellando pacientemente, golpeando y saliendo, abriendo con la derecha en punta, lastimando con la zurda recta y esquivando el contraataque, siempre con esa guardia baja que heredó de Nicolino Locche y lo hace ver sobrador ante los ojos de los que miran el boxeo como si fuera un display de fuerza bruta caótica. En un acto de cordura, el rincón del irlandés paró la pelea en el round 11: a esa altura, la vertical de Macklin era un milagro. Ahora Sergio Martínez está en la Argentina. Acaba de terminar una de sus recorridas mediáticas (esas que se han vuelto habituales desde el semestre pasado) y vuelve al Caesar Park, su hogar postizo, en busca de relax. "Hoy prendí la tele y me sorprendí porque no me vi", dice mientras se quita el saco y desparrama su metro setenta y ocho, sus setenta y dos kilogramos y sus 191 letales centímetros de alcance de brazos en un sillón sin perder la elegancia. Y desde ahí, el tercer mejor boxeador libra por libra del mundo suelta esta frase como si necesitara sacársela del pecho: "Parece que voy a bailar en lo de Tinelli nomás".

La historia de Maravilla le hace comer el amague al estereotipo. Sobran en los registros del box los muchachos de clase trabajadora que se calzaron los guantes, mordieron la gloria, se llenaron de oro y se colaron al tren de la tele por esa mezcla de fascinación y morbo que generan en el espectador los pobres que se ganan la vida lastimándose unos a otros. La diferencia acá es que no se trata de encandilamiento sino de determinación: igual que en el ring, es él quien maneja los hilos. Se sabe una mercancía tentadora y, mientras convenga, se deja ofrecer. "Soy un producto con varios ceros a mi derecha, gracias al esfuerzo y la constancia", dice. "Con la convicción que trabajo, mi imagen es fuerte. Cuando hablo, hablo con seguridad. Eso, combinado a una buena producción y un buen espectáculo, vende."

Por eso, porque vende, tiene 2000 mensajes de texto en su celular -no es una exageración: muestra el número en la pantalla- esperando respuesta. Desde hace un año y medio, sus visitas a Buenos Aires son así: para en hotel céntrico, recorre canales y radios, les firma autógrafos a señoras que no saben si Muhammad Ali fue boxeador o uno de los que tiraron las Torres Gemelas y se vuelve a su casa en California o hace escala en Europa para atender negocios. Todo a partir de una mano que entró justa. "El clic de la fama lo hace cuando le gana a Paul Williams con un KO espectacular", dice Walter Nelson, relator y amigo personal. "Fue el KO del año, recorrió el mundo. Esa izquierda que tira mirando para el otro lado lo dejó dormido a Williams, algo que pocas veces se ve."

El Maravilla estrella nació esa noche, la del 20 de noviembre de 2010, en Atlantic City. Como dice Nelson, la imagen recorrió el mundo: Williams boca abajo en la lona, con la cabeza de lado y los ojos todavía abiertos, como preguntándose qué pasó. Un año antes se habían enfrentado, y Sergio había ganado claramente, pero un jurado sospechoso le dio la pelea en fallo mayoritario al estadounidense. En la revancha ganó, y para no dejar dudas fue por la vía del cloroformo. Innecesariamente, el referí contó hasta diez: por cómo quedó Williams, podría haber contado hasta dos millones. (Meses después, tras un accidente de tránsito en una moto, Williams quedó paralizado de la cintura para abajo, y Maravilla, desde su cuenta de Twitter, le pidió a sus seguidores que rezaran por el norteamericano.)

Como si la habitación se la hubiera acomodado un continuista de cine, lo espera al costado de la cama un ejemplar de Maintenant de Arthur Cravan, el escritor y poeta sobrino de Oscar Wilde que no sólo sentó las bases del dadaísmo en el siglo XIX, sino que también se midió con el mítico Jack Johnson por el título mundial de los pesos pesados (y perdió por KO). Maravilla es eso: una poderosa conjunción de puños y cerebro. Y también lo sabe, por eso relata sus intenciones como si fuera villano de James Bond. "Estoy sembrando, y pronto voy a empezar a cosechar", dice. "Yo ahora podría estar en casa de mi madre, visitando a mi familia, sin ver a ningún periodista, pero después me tengo que olvidar de hacer cosas en Argentina. Y como tengo pensado hacer cosas en Argentina, en lo boxístico y en lo extraboxístico, tengo que difundir mi imagen, para que la gente sepa quién soy."

La omnipresencia mediática de Maravilla es un plan, su plan, craneado con la misma frialdad con la que decidió abandonar su pasión adolescente por el fútbol (estuvo a punto de jugar en Los Andes) en pos del pugilato, un deporte que le resultó fácil por no tener que depender más que de sí mismo para dominarlo: "El boxeo, si uno tiene un poquito de cabeza para pensar, ya está: te lo comés crudo".

Debutó profesionalmente el 27 de diciembre de 1998, ganándole por descalificación a Cristian Marcelo Vivas, un peleador que se retiraría poco después con un récord de seis derrotas (cuatro por KO) y una sola victoria por puntos. "No es que no tuve nervios, pero me gustaba estar ahí arriba", relata Maravilla con toda la épica que está a su alcance. "Yo sabía que algo tenía. Era más que un presentimiento: era la sensación de tener solvencia en cada una de las cosas que hacía. Cada paso era firme, cada movimiento era como si supiese." En ese momento, todavía era Martínez a secas. Tiempo después se convertiría en Maravilla, a instancias del periodista y jurado Luis Blanco, que vio en él rasgos de otro histórico de los Medianos, el gran Marvin Hagler.

Lejos de las cuerdas y cerca de una tropilla de bataclanas tetonas que no dejaron de manifestar explícitamente su intención de practicarle todo tipo de obscenidades, su otro debut fue un día después del regreso a las pantallas de Bailando por un sueño, con 43 puntos de rating. Lo acompañó su tía Graciela, que fue cooptada por Tinelli para la lista de personajes pintorescos con la que suele caricaturizar a la clase media, en plan groupie histriónica y soltándole varios "te mato, papito" al conductor mientras su marido oficiaba de entregador tácito. La introducción de Maravilla, de quince eternos minutos televisivos, giró en torno a su éxito entre productoras y bailarinas, su gusto por levantar la mesa y lavar los platos como buen caballero, y su pelea por el título de los Medianos que, dijo Tinelli, "el tarambana del hijo de Chávez no le quiere dar". Una performance nerviosa de "Celebration" de Kool & the Gang le valió el puntaje necesario para pasar a la segunda ronda del certamen y una invitación a su camarín, "el número cuatro", por parte de Carmen Barbieri. Para cerrar, dos clásicos de Marcelo: comparar su panza flácida con los abdominales moldeados por las 1500 flexiones diarias de Maravilla, y jugar a hacer guantes y sufrir un golpe que lo deja mareado. El simbolismo es irresistible: con una caricia, Maravilla voltea al campeón indiscutido de los medios.



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El primer comentario en el video de YouTube que reproduce su actuación lo dice todo: "Ojalá no se pierda entre los gatos y el champagne", una alarma que se dispara en todo amante del deporte cuando un atleta de alto rendimiento -y más aun si trata de un boxeador- se suma al mundo del brillo. Nunca un púgil en su mejor momento había pasado por Bailando por un sueño: Rodrigo "la Hiena" Barrios ya estaba perdido en sus laberintos y, tiempo después, terminaría preso; Fabio "la Mole" Moli nunca fue más que un paquete sin proyección internacional que egresó como actor de teatro picaresco; Tyson vino a por unos dólares para engordar su jubilación. Pero él, todavía en el hotel y con Tinelli siendo un proyecto, cinturea e insiste con el plan, explicando que su participación en el programa "son dos casas más para mi mamá en Quilmes" y dejando en claro que no es su intención desviarse de la huella: "Haga lo que haga, yo estoy mil por mil metido en el boxeo. Lo demás, a su tiempo. Pero ahora la gente sabe quién soy. Cuando deje de boxear no van a venir a darme la palmadita de «qué tal campeón». Ahí voy a tener que pagar el café".

Una semana antes del estreno del Maravilla bailarín, el mexicano Antonio Margarito anunció su retiro del boxeo rentado, aquejado por problemas en la vista después de crueles enfrentamientos contra Manny Pacquiao (el muy discutible segundo mejor libra por libra, derrotado en un robo histórico y deleznable por Tim Bradley a principios de junio) y Miguel Angel Cotto. Margarito fue un pegador notable y un hijo de puta también: después de perder con Shane Mosley (otro que justo largó por esos días) en el Staples Center de Los Angeles en 2009, se le detectó en los vendajes una sustancia similar al yeso que endurecía su empuñadura. La sospecha es que lo venía utilizando desde hacía varias peleas, vaya uno a saber desde cuándo exactamente. Desde ese momento, ya sin yeso, sólo ganó una contienda y tuvo que tirar la toalla. Pero antes, en 2000, le había sacado el invicto a Maravilla.

"Cuando perdió con Margarito venía al rincón y se insultaba a sí mismo, se pegaba y decía: «Cómo puede ser que este tipo me gane a mí»", dice Alberto "Coca" Andrada, técnico de box desde hace casi cincuenta años, que trabajó en el rincón de campeones mundiales de la talla de Víctor Galíndez, Gustavo Ballas y Juan Martín "Látigo" Coggi. Andrada asistió a Maravilla en aquel combate y en los cinco siguientes, por pedido de su tío y primer entrenador, Rubén Paniagua. Sigue Andrada: "Yo trabajé un año con él y le insinué cosas que estoy seguro de que, si no se las hubiera dicho, él igual las habría hecho, porque es un genio".

A los 25 años, Sergio se cansó de voltear muñecos autóctonos (tenía dieciséis peleas ganadas) y un manager acelerado pensó que ya era hora de florearlo en Las Vegas. Pero no, no era, y se volvió con un KO técnico en el séptimo round y apenas 900 dólares, aunque después supo que le tocaban 25 mil y, en el camino, alguien no le avisó.

"La verdad, yo estaba con los pies en la tierra, no me sentí afectado. No estaba preparado para un combate de tal magnitud, pero además tenía un problemita personal ajeno al boxeo que me perjudicó, y ahí sí me faltó profesionalismo para saber separar las cosas: la vida está aquí y el boxeo está allá", dice Maravilla. "A los dos días ya tenía ganas de entrenar otra vez, pero no buscaba una revancha como loco. Sabía que iba a llegar igual."

Volvió, se rompió una mano peleando por el título sudamericano (ganó por KO) y pasó los siguientes nueve meses entrenando solo, en el patio de su casa de Claypole, castigando la bolsa con un solo puño.

Cuando se recuperó, otra vez les ganó a todos. Pero no pudo con De la Rúa: en 2002, todavía manteniendo la dualidad de boxeador y jornalero para parar la olla, fue parte del éxodo masivo posmenemista, con destino español. "Viajé a Europa con 1.800 dólares y éramos dos personas", le contó a Alejandro Fantino en la que, según él, fue la mejor entrevista que le hicieron en su vida. Su historia en el Viejo Continente agrega a su biografía el componente de crisis y ascenso que lo hace tan atractivo: cuando llegó a España, le robaron las valijas; tuvo que vivir en hostels nefastos, estuvo preso por no tener papeles. "Trabajé bailando arriba de una tarima en una discoteca en Madrid, algo que preferiría olvidar. Y había domingos que iba a Cáritas a pedir comida junto a los mendigos. Comía de a saltitos, como un caballo de ajedrez."

Un papel enroscado en lo que quedó del equipaje tenía el teléfono de Pablo Sarmiento, técnico de box radicado en la Madre Patria. El resto se conoce o se infiere.

De España no solo le quedó la trama del cuento y el "vamos" como muletilla: también el gusto por esa electrónica balear que tan bien se lleva con el Caesar Park, tan barroco y tan kitsch. En su suite, desde una notebook suena un compilado que parece Café del Mar, gran banda de sonido para alguien con su look, que -con todo- no deja de mostrarse sosegado y en control aun frente a una maquinita hiperentrenada que le quiere arrancar la cabeza a cambio de unos cientos de miles de dólares. "Los boxeadores no queremos lastimar el ego, por eso decimos que nunca tenemos miedo", dice Maravilla. "Pero en mi caso, teniendo 60 pulsaciones unos cuarenta minutos antes de mi combate, veo que no hay ni un poquitito de miedo. Y a la hora de la pelea, como controlo mis movimientos, los de mi rival y sus emociones, no puedo tener miedo, porque el miedo te bloquea."

Dos días después de su primera aparición en el programa más visto de la televisión argentina, el resguardo celoso que hace de su vida privada parece haberse evaporado. Una ex, la periodista especializada en boxeo Silvana Carsetti, le dio una nota a Paparazzi que, según ella misma señaló después, fue manipulada tendenciosamente para sugerir un caso de violencia de género que en realidad nunca existió. En esas mismas páginas, esa publicación se pregunta: "Ninguno de los dos lo reconoce, pero en Ideas del Sur se comenta fuertemente que entre el boxeador y su compañera, Sofía Macaggi, existe algo más que una amistad. Luego de los ensayos parten juntos y comparten extensas charlas en público. ¿Romance en puerta?". Sofía tiene 24 años y es una rubia de esas que tienen todo para triunfar. Nadie culparía a nadie.

"Es un hombre rodeado de tentaciones. Viene de estar en gimnasios, entre sparrings y entrenadores, y ahora está entre las mujeres más lindas de Argentina... y algunas de las más fáciles", afirma Adrián Pallares, panelista del programa de Viviana Canosa en Canal 9, que obviamente lo tuvo como invitado. "Capaz que en algún momento lo vemos corriendo putas en Esperanto, pero hoy por hoy se lo ve un tipo tranquilo, no como los demás boxeadores que hicieron carrera en este país y después se volvieron mediáticos."

Los fantasmas de Ringo Bonavena, de José María "el Mono" Gatica, de Jorge "el Roña" Castro o -ni hablar- de Rodrigo "la Hiena" Barrios no se pueden borrar de la escena así nomás, pero para espantarlos él machaca con dos nombres: Floyd Mayweather y Julio César Chávez Jr. "Es vergonzoso cómo lo cuidan al Junior, macho", se indigna con razón en su habitación del Caesar.

Cuando renunció al cetro de los Medianos del Consejo Mundial de Boxeo, a Maravilla le prometieron un choque inmediato contra el hijo del campeonísimo homónimo para recuperarlo, pero se lo negaron no menos de cinco veces, sabiendo que el mexicano (más redituable para la cadena HBO, la verdadera autoridad del box hoy) no tiene ninguna chance. Pero ahora lo tiene a tiro, porque hasta al Consejo se le agotan las excusas: el 15 de septiembre finalmente se verán las caras, en el Alamodome de San Antonio, Texas. "Maravilla está nervioso, porque sabe que no estará a la altura de sus palabras", dijo Chávez. "Ya estamos listos. A ver quién tapa la boca a quién. Nunca tuve tanta hambre", contesta él, que se tomó licencia en lo de Tinelli para dedicarse al entrenamiento full-time.

Cuando le toca pelear -como ahora, con el Junior en la mira-, se interna siete semanas antes del combate para entrenar de lunes a sábados, de 4:30 a 20:30. "A este ritmo, le quedan tres años en plenitud", dice su coach, Pablo Sarmiento.

Maravilla estudia al rival y arma una estrategia con papel y lapicera. Después, sube al ring y ejecuta lo escrito, y nada de lo que pasa allá arriba lo toma por sorpresa.

Pero el verdadero objetivo de Maravilla hoy no es Chávez Jr. sino Floyd Mayweather, el número uno libra por libra: la cabeza que todos quieren ver colgando. Aunque en ese caso, las cosas son algo distintas: preso por violencia doméstica, Mayweather es reacio a los combates ásperos y tiene serias intenciones de retirarse sin arriesgar su invicto. Pero Martínez no pierde la fe.


No Julito, el de la tapa es Charlie Sheen o podría ser yo, pero no te pongas contento ni te entusiasmes que no es Maravilla.

Mayweather es el mejor, sin duda, y como a mí me gustan los desafíos grandes, Mayweather es hoy el más jodido.

¿Por qué todos quieren pelear con Mayweather y el tipo sigue invicto?

Todos están esperando que tropiece para pasarlo por arriba, pero él hace la pelea que le conviene. El boxeo no es para valientes, es para inteligentes. Acá no gana el que más pega sino el que menos recibe. Y él es el que menos golpes recibe.

¿Qué tiene de especial?

El muestra cosas positivas como el derroche de talento, y cosas negativas como la nula propuesta de brindar un espectáculo para el público. Si la gente paga barbaridades de dinero para ver boxeo, hay que comprender que pide sangre. Lamentable, seguimos siendo el mismo circo romano de hace siglos.

Entonces, ¿qué es lo que te seduce del box?

Yo vi que el boxeo era más fácil que otros deportes, y ahí dije: «Voy a ganar todo lo que me proponga. Dinero, casas...». Viniendo de un barrio extremadamente bajo como Quilmes, lo más valioso que tengo es mi hambre de gloria.


Fuera de su zona de confort pasa exactamente lo mismo que arriba del cuadrilátero: los demás proponen y Maravilla dispone. Nunca es al revés. Quiso hacer stand-up y lo hizo en Duro de domar, donde se cansó de atenderlo a Chávez Jr. con una soltura digna de las bravuconadas de Ali en los 60, y hasta se burló de su título irregular: "Ustedes tienen ante sí al primero en la historia en ser campeón emérito y diamante. ¿Qué quiere decir eso? Ni puta idea... Pero suena bien, de verdad". También dice que quiere comentar box, y lo habrán visto en ese mismo programa analizando aquella pelea callejera de Ricardo "Caruso" Lombardi. Le ofrecieron hacer teatro pero no agarró. Le gusta el cine pero todavía, dice, no está preparado.

Al campeón le sobran aspiraciones artísticas, pero el boxeo sigue siendo su presente y futuro: quiere retirarse en el Luna Park, sabiendo que a su carrera le falta un encuentro cara a cara con el público argentino, y ya se está forjando un porvenir como promotor, con su propia escudería de púgiles maravilla (el peso pesado Magomed Abdusalamov y el semipesado Gabriel Campillo).

A los 37 años, sabe que no le queda mucho ring por delante, pero planea sacarle todo el jugo. "Yo sé que esto dura lo que un fósforo prendido. Eso dura la fama. Se pasa. Es tan efímero como... no quiero llamarle falso, porque mucha gente se puede enojar. Pero la vida del campeón es falsa, la vida real es distinta", dice Maravilla, y le toma el peso a su propia historia. "Lo verdaderamente importante es estar con la familia, sentado en tu casa, sacando la basura, paseando al perro. Si me creo que lo otro es de verdad, voy mal."



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La pelea se realizará en el Thomas & Mack Center de Las Vegas, Nevada el próximo 15 de septiembre con una velada que comenzará a partir de las 18 hs locales. Las entradas pueden conseguirse hasta el 5 de septiembre en un precio que varía desde los 45 dolares a las exclusivas ubicaciones del primer piso en unos 3300 billetes verdes estadounidenses; pero se espera que el gran "incoming" será el PPV televisivo (en Argentina transmitirá TyC Sports en cable abierto pues no existe Pagar Por Ver deportivo) que ya se cree superior a la pelea (que se emitirá el mismo dia y casi a la misma hora) del chavo de oro mexicano, el Canelo Alvarez.


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